El restaurante al que fuimos es bastante nice y tiene en la entrada una pecera enorme con los desdichados fuganas, que retozones ignoran que sus minutos están contados.
Una vez instalados en nuestra mesa pedimos uno de los paquetes ofrecidos que constaba de 6 platillos distintos!
Lo primero en llegar fue un platito hondo lleno de piel cruda :S. La piel, cortada en tiras, era gruesa y venía con un caldo oscuro, cebollines picados y un poco de rábano rallado.
A pesar de su aspecto simplemente me encantó. El caldo era salsa de soya con jugo de limón y los rábanos estaban picosos! Además, la piel tenía la consistencia de unos ricos cueritos, y con lo que me gusta la cebolla, todo me pareció un manjar!! Me transporté a Villagrán, Guanajuato después de un partido de futból con una bola de tíos y primos tragando cueritos con salsa Valentina :).
Después de los deliciosos cueritos de fugu, nos trajeron unos pedacitos de pescado empanizado. Muy ricos, por cierto, pero nada fuera del otro mundo. Yo quería cosas raras!!
Casi me arrepiento de mis deseos cuando vi el siguiente plato: nada más y nada menos que el poco apreciado sashimi -- un montón de filetitos crudos listos para disfrutarse :Ñ.
Como no queriendo la cosa también le entré. Al principio pensé que estaría suavecito, tipo salmón, pero no, estaba más bien corrioso exigiendo varias masticadas antes de poder tragarlo :S. Aunque me gusta mucho el sushi, no soy fan del sashimi para nada y desgraciadamente éste no fue la excepción.
Por fortuna las cosas mejoraron con el siguiente plato: una parrillada de fugu! La carne había sido marinada en una salsa tradicional picosona que hasta venía con unos cuantos chiles! Los chiles sabían a puro
jehuite (diría mi abuela), pero no importó, con los rabanitos tuve para moquear un rato.
A estas alturas del partido ya empezaba a sentirme lleno aunque aún faltaban dos platillos!
El siguiente en llegar -- un rico caldito de pescado -- fue el que más me impresionó. El caldo en sí no tuvo nada de impresionante, pero los utensilios con los que lo cocinaron ahí mismo en la mesa me llamaron la atención.
La parrilla de la mesa parecía ser eléctrica, pero cuando el mesero puso sobre ella una canastita de mimbre empecé a dudarlo. Dicha canastita venía con un pedazo grande de papel y se veía como aquéllas en las que sirven papas a la francesa, pero en lugar de tener papas o algo comestible, la canasta contenía un disco de metal. No me dio tiempo ni de preguntar qué onda cuando el mesero vertió agua sobre el metal.
Para mi sorpresa, el papel no se deshizo ni mucho menos, y lo que es más: el agua empezó a hervir casi inmediatamente mientras la canasta y aun la superficie de la "parrilla" permanecían a temperatura ambiente!!
Nunca me había tocado ver algo así! Ni en Tlaxcala! ñ_ñ. Después de examinar la curiosa parrilla con detenimiento (y de leer "INDUCTION HEATER" en los controles) finalmente se resolvió el misterio: electromagnetismo! En cuanto me cayó el 20, presuroso procedí a quitarme las alhajas -- bueno, la alhaja (un anillo de plata) -- no fuera a ser la de malas! Fascinados por la parrilla electromagnética seguimos tragando nuestro caldito con singular alegría.
El plato final fue cocinado en lo que sobró del caldo. 'Cocinado' es un decir ya que simplemente agregaron arroz y huevo. De cualquier manera, dado que el caldito tenía el sabor del pescado, estuvo ricardón.
Terminé llenísimo.
Estaba ya desabrochándome el cinturón pa' evitar el botonazo cuando nos llegó el "postre": ojos de fugu en salsa de jengibre :SSSSSSS.
Jajajaja, no se crean, helado de nuez! :). Aún estando cual garrapata panzona boca arriba, le entré al heladito haciéndome el disimulado.
En fin, después de casi lamer los platos y de hacerle la plática a una simpática mesera que no hablaba ni jota de inglés, salimos pidiéndole a la morenita por nuestas vidas ñ_ñ rumbo a nuestras respectivas madrigueras.
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